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martes, 12 de enero de 2016

Que a mi me hicieron para ser feliz

Siempre pensé que huir era de cobardes, que solo enfrentando las situaciones consigues hacerte cada vez más fuerte. Lo cierto es que gracias a pensar así soy quien soy ahora mismo. Y no puedo estar más orgullosa, aunque todavía me quede mucho por pulir de estos ingenuos 23 años. Sin embargo, cuando una situación no tiene arreglo alguno, cuando solo pensar en el daño te hace sentir mal físicamente...alejarse es la única opción viable.
Como una tormenta. Esperar una explicación, una disculpa o un pacto de no agresión era como esperar no mojarte debajo de una tormenta desprovisto de paraguas. Y de repente refugiarme me pareció lo mas inteligente. Y ser valiente no me pareció tan importante. Ninguna tormenta dura eternamente, y no toda guerra se gana luchando. Una retirada a tiempo tambien es una victoria.
Y entonces lo vi. No seguía en pie de guerra para defenderme, sino por orgullo, un orgullo profundamente herido. Casi por venganza.
Volver a ser feliz me pareció una causa mucho más noble por la que combatir día a día. Ser valiente también es saber elegir en que serlo y saber qué cosas dejar atrás. Lo de ser un kamikace mejor para el que no tenga nada que perder. Y yo afortunadamente, sigo teniendo muchas personas que valen la pena y que no quiero perder en una cruzada sin más tesoro o recompensa que el odio o la amargura.
Que a mi me hicieron para sonreir.

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